Debería haber visto el cielo
en sus ojos negros reflejado
pero me confundí y pequé, cegado
absorto en otra ermita del deseo.
El héroe nunca puede fallar,
la indignación no es castigo peor,
sino el pérfido y duro sentimiento
no ser nunca más, él mismo, capaz
el paladín campeón, de seguir siendo,
de modesta y humilde, cuna y patria,
que por las infamias sigue muriendo
y siento más no haberte tenido
que haberme convertido en un paria
y no haberte, a ti, besar podido
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